El negocio del vino, sus temperaturas ideales

El negocio del vino, sus temperaturas ideales

Cuenta una leyenda que hace muchos, pero muchos años, en Francia, un hombre de unos 65 años, (para esos tiempos casi un anciano) que se convirtió en la revolución del pueblo. Por su forma de ser y de hablar. Nadie sabía nada de su vida. Simplemente que cada día Bertrand  (que así se llamaba) tomaba un tren que lo llevaba a un destino único y, de más está decir, envidiable: cada día su destino final era adentrarse en las profundidades de las cavas subterráneas de la bodega.

Hablaba muy poco, pero lo poco que lo hacía dejaba frases para la historia. Y así es como nació una frase mítica. Con una sonrisa de medio lado dicen que solía decir: «el vino está perfecto, el vino está «chambré», lo que en español significa que el vino está a temperatura ambiente. Seguro que es una frase que has escuchado cientos de veces. Pero claro, el ambiente es muy diferente dependiendo de la zona. ¿Cuál sería la temperatura ambiente ideal? ¿La del ártico o la de una isla del Caribe? ¿La de Helsinki o la de Río de Janeiro en pleno carnaval? Vamos que la frase de Bertrand, como todo en la vida, hay que cogerlo con pinzas.

Y es que está claro que no es lo mismo beber un blanco, un rosado, un vino dulce o un tinto. Cada uno merece llegar a nuestras copas despabilados, radiantes y cuidados con tu temperatura correcta que podría resumir de la siguiente manera. La temperatura ideal para beber un vino depende en gran medida del tipo de vino, también influye el gusto personal y en menor grado la estación del año y la temperatura ambiente. Así de sencillo. Ahora bien, si existen algunas normas que nos aconsejan desde la OCU que nos pueden servir.

Vinos blancos

Los vinos blancos secos se disfrutan mejor fríos. Como regla general vamos a decir que es recomendable beberlos a una temperatura de entre 8 y 12 ºC, aproximadamente la que tiene una botella antes de sacarla de la nevera. Son los típicos que se beben en la zona de Andalucía, que entran muy bien como aperitivo.

Vinos rosados

Los vinos rosados se saborean mejor a temperaturas similares a las de los vinos blancos secos. Cuando se sirven como aperitivos, las temperaturas más frías pueden ser preferibles, en cambio para acompañas comidas puede ser recomendable servirlos a una temperatura unos pocos grados más altas aunque no por encima de los 14ºC.

Vinos tintos

Para mí los vinos tintos son la joya de la corona. Un gran vino se puede estropear si no es consumido a la hora temperatura correcta. Los vinos tintos se disfrutan mejor frescos. Cómo regla general se recomienda beberlos entre 14 y 18ºC. Te daremos un truco para saber si un tinto está a una correcta temperatura para ser servido. Solo tienes que sentir el vidrio de la botella frío cuando lo tocamos. La temperatura adecuada para consumir un vino se alcanza guardando el vino en la nevera durante media hora antes de servirlo.

No obstante, algunos catadores recomiendan beber los vinos tintos de mayor calidad, o con crianza en madera, a temperaturas próximas a las más altas, hablamos de unos 18ºC. Y los más «simples», es decir, los cotidianos, a las más bajas, 14ºC., nuevamente esto es una cuestión de gustos.

Vinos dulces

Los vinos dulces sin fortificar se disfrutan óptimamente frescos, a temperaturas altas pueden resultar empalagosos y se suben muy rápido a la cabeza. Un rango aproximado de temperaturas razonables para los vinos dulces es de entre 7 y 14ºC.

Vinos espumosos

Los espumosos son recomendables beberlos fríos, entre 7 y 10ºC. Los más complejos se beben cerca de los 10ºC. A grandes rasgos, los espumosos están a buena temperatura si se mantienen dentro de la nevera o en una cubitera con agua fría y hielo.

Por este motivo son de vital importancia el papel que se juega en las bodegas o en los elementos que tengamos en casa para guardar los vinos. Ahora mismo en el mercado puedes adquirir bodegas climatizadas que te aseguran tener el vino a buen recaudo en tu hogar como las que puedes ver en Vicave.

Una recomendación clara es que hay que evitar la tentación de meter el vino en el congelador para que se enfríe rápidamente (o todo lo contrario, acercarlo a un radiador para que se atempere): los cambios bruscos de temperatura pueden estropear el delicado producto que es el vino. Así que si se nos olvidó meter la botella a enfrescar, o al contrario, se nos olvidó sacarla del frigo, lo sentimos. Habrá que pensar en beber otra cosa.

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