Emprender en 2020

Emprender en 2020

Para crear una empresa ahora o hace unos años los pasos son prácticamente los mismos: es importante partir de una planificación profesional, que nos ayude a tomar las mejores decisiones para nuestro futuro desde un principio porque, aunque más adelante es posible realizar cambios, puede que hacerlo nos cueste dinero. Sin embargo, sí que hay una diferencia a la hora de montar una empresa hoy en día, en la era digital. Para crear una empresa en la actualidad ya no es suficiente con abrir tu negocio offline. La competencia, en general, es mayor y por ello completar tu oferta con servicios online que representen con exactitud los valores de tu marca es fundamental.

Si queremos que nuestro proyecto tenga una vida larga es fundamental seguir una serie de pasos que le den firmeza a nuestras ilusiones.

¿Qué necesito para montar un negocio?

Lo principal es tener una idea, porque sin ella no hay negocio, pero debe de ser una idea de negocio contrastada y verificada porque si no, como hemos dicho, su vida puede ser muy corta. Para empezar con seguridad debes analizar tres puntos muy importantes y reflejarlos en un plan de empresa:

  1. La competencia.
  2. Las tendencias empresariales relacionadas con ese tipo de negocio.
  3. El comportamiento de los consumidores.

Con todos estos datos tendremos un análisis pormenorizado de todo nuestro proyecto que nos servirá para hacernos una idea de su rentabilidad y de los aspectos más importantes que tendremos que cubrir como el equipo de trabajo, la demanda de nuestros productos y las previsiones económicas que tendremos que tener disponibles para empezar y para cubrir gastos durante el período de crecimiento del mismo.

Una vez aclarado este punto, lo siguiente es determinar el tipo de empresa que vas a crear y determinar su forma jurídica. Esta elección es absolutamente fundamental. Según la actividad que vayamos a desarrollar nos interesa elegir una u otra forma. Los tipos de empresa más comunes son:

  • Autónomo: es el más común y no necesita capital para empezar. Para poder empezar a facturar solo necesitas pagar una cuota mensual que, al mismo tiempo, acredite que estás dado de alta.
  • Comunidad de bienes: se necesita un mínimo de dos socios, pero no un mínimo de capital. Normalmente esta fórmula se da entre dos autónomos que deciden empezar a trabajar juntos, lo que es ideal para pequeños negocios.
  • Sociedad limitada: es la figura societaria más elegida por los emprendedores por su sencillez. Tienes una responsabilidad limitada frente a los socios de sólo el capital aportado, que es un mínimo de 3.000 euros.
  • Sociedad anónima: muy parecida a la anterior con mucha flexibilidad en su regulación legal, con responsabilidad limitada, pero con un capital mínimo de 60.000 euros. Son necesarios tres socios y la mayoría del capital social pertenece a trabajadores que prestan servicios a la empresa.
  • Sociedad cooperativa: el capital inicial para formar parte de ella se refleja en los estatutos de la empresa. Suelen formarla personas que se unen para realizar una actividad empresarial que no podrían hacer ellos mismos por separado.

Como cada sector es un mundo, es imprescindible conocer en profundidad el mercado al que quieres lanzar tu proyecto. Para hacer un estudio de mercado debemos conocer el mercado al que nos vamos a dirigir y tener claro cuáles serán nuestras fortalezas y debilidades en él. Una vez estudiado ese mercado hemos de ser capaces de ver si nuestra tienda va a encajar y cómo va a hacerlo. Esto nos servirá también para darle un enfoque mas personal que, aunque encaje en el sector, se diferencie del resto. Para ello, analizar a nuestra competencia más personal, no solo a las grandes marcas, nos será muy útil para preparar nuestra estrategia.

Por último, contar con un plan de marketing nos ayudará a tener claros nuestros objetivos y el camino a seguir para conseguirlos.

El plan de marketing debe ser realizado a corto plazo, con vistas a un año máximo. Se trata de que sea algo sencillo y realista. Debe enfocarse en cuatro elementos:

  • Producto: conociendo en profundidad nuestra cartera de productos, su valor, marca, modelos, envases, nuevos productos a incorporar…
  • Precio: no se trata de conocer solamente el valor real económico del producto y los márgenes de beneficio, si no también el coste que implica poder tenerlo, el tiempo que se invierte, etc.
  • Distribución: qué estrategias vamos a utilizar para exhibir el producto y que llame la atención de nuestros potenciales clientes, qué canales vamos a utilizar para ello…
  • Promoción: se trata de concretar que métodos vamos a utilizar para darnos visibilidad. Hoy en día, es importante destinar esfuerzos a la creación de una página web que les resulte irresistible a tus clientes, con lo cual debe ser muy visual y fácil de navegar. Una web tiene que ser visualmente atractiva y, a la vez, debe tener una navegación clara y concisa. Cuando la tengas hecha, pídele a un conocido que navegue por ella y luego pregúntale su opinión, si le ha resultado fácil usarla, si le resulta cómoda para navegar por ella…Elegir un dominio con el nombre de tu negocio te dará más visibilidad. Un dominio cuesta entre 5 y 15 euros, depende dónde lo compres.

Si tu negocio no es exclusivamente online, tendrías que pensar en cómo utilizar las estrategias de marketing como descuentos, regalos, sampling, packaging personalizado, etc, para atraer clientes.

También existe la posibilidad de querer emprender con el respaldo de una marca que ya esté consolidada. En ese caso, debemos asesorarnos sobre cómo funciona una franquicia. Según los profesionales de Tuappabogado, como cada una es un mundo y puede establecer sus propias normas con sus franquiciados, antes de firmar cualquier contrato es imprescindible contrastar los términos y las condiciones con un profesional externo. Este profesional no solo te asesorará en términos legales, sino que será capaz de velar por tus intereses, si así se lo solicitas. Es mejor invertir en un principio para establecer una relación de confianza con tu franquiciador, que pagar más adelante los “malos entendidos” que pueden surgir de los apartados con letra pequeña.

 

 

 

 

 

 

 

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